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15
Ago
Menú vietnamita (del libro Rojo aceituna)
Menú vietnamita (del libro Rojo aceituna)
  • ronaldo
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  • Gastronomia . Vietnam del sur .

La carta es larga y hay ciertas ofertas altamente resistibles. Nguyen, nuestro guía, me recomienda algo con el dedo.
—Snake…, ¿ahí dice snake? —manifiesto para darme tiempo de urdir algún pretexto exclusivo, como que soy alérgico al veneno de las serpientes venenosas.
—Pruébala —insiste Nguyen con sonrisa pícara— es buena para la vililidad.
¿Por qué será que en el mundo entero todas las cosas asquerosas son buenas para la virilidad? Natalia me lee el pensamiento, o quizá lo he dicho en voz alta, en castellano privado:
—Porque si no nadie se comería eso —apunta categóricamente— así garantizan que al menos los hombres, que son criaturas estúpidas, pidan la cosa en sí.
Hay que joderse, pido la cosa en sí, serpiente en salsa agridulce de setas con pimienta verde fresca. Entonces Nguyen le recomienda a Natalia que pruebe flog, o sea, frog.
—Me encanta —dice Natalia y no miente—, me apunto a un plato de rana, espero que no salte.
¿En Vietnam hay taoístas? No importa, al menos el Mekong desemboca en el Mar de China, así que decido seguir a rajatabla el precepto taoísta que aconseja un vacío necesario entre cada cosa, y no entro inmediatamente en materia, como si estuviésemos allí porque Nguyen es una especie de hermano adoptivo que en algún momento dejó España para regresar a descubrir sus ancestros y hoy hemos venido a visitarlo. Hay que celebrarlo a lo grande.
—¿Qué se bebe aquí? Algo fuerte —le pregunto.
Me corta la frase como si lo hubiese estado esperando:
—Vietnamese whisky, pero mejor probamos algo más interesante.
Ye he tenido tiempo de aprender que detrás de la palabra ‘interesante’ un vietnamita siempre trama algo baboso, o viscoso, o bueno para la vililidad. Nguyen habla gritando con el camarero y al minuto éste regresa enarbolando orgullosamente una botella panzuda en cuyo interior flota el enorme cadáver de un escorpión negro. Con los alcoholes nunca he hecho ascos porque tienen el plus de ser alcoholes.
—¡Salud! —Nguyen alza su pequeña copa y hago lo mismo. Sabe a aguardiente con cierto tufillo a tierra húmeda, me gusta.
El camarero trae la orden y nos lanzamos en plancha. Rata, serpiente y rana. Regados con licor de escorpión. ¿Qué más puede pedirse? La rata es dorada y rojiza como un conejo a la barbacoa que luego han guisado magistralmente. La serpiente son trocitos muy blandos y jugosos envueltos en un mejunje de setas minúsculas y aromáticas. La rana viene en caldereta, troceada y con vegetales al dente. Entre salud y salud probamos recíprocamente los tres platos y la conclusión es más que satisfactoria.

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